De la selva al mundo: las frutas exóticas de la Amazonía peruana que buscan conquistar el mundo
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Campoverde Agrolodge impulsa un proyecto que reúne cerca de 300 variedades de frutas amazónicas y busca convertir su biodiversidad en experiencias turísticas, gastronómicas y oportunidades de exportación.
A solo diez minutos de Moyobamba, en San Martín, se encuentra Campoverde Agrolodge, un proyecto que busca convertir la riqueza natural de la Amazonía peruana en una experiencia turística, gastronómica y sensorial. Su CEO y fundador, Eduar Chuque, nos recibió en medio de una degustación de frutas amazónicas, muchas de ellas poco conocidas fuera de sus lugares de origen. Desde este espacio, explica cómo estas especies, que durante años tuvieron principalmente un valor de consumo local, pueden convertirse en productos de alto valor económico y cultural.
“Campoverde es como un showroom de frutas de diferentes partes de la Amazonía”, explica Chuque. En este lugar se reúnen especies provenientes de la Amazonía alta y baja, así como de comunidades nativas y pequeños huertos familiares.
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A través de los años, el proyecto ha logrado reproducir y conservar cerca de 300 variedades, aunque sus investigaciones estiman que podrían existir alrededor de 600 frutas amazónicas por descubrir o documentar.
La propuesta de Campoverde
La propuesta se enmarca en el concepto de Farm Hospitality, una forma de hospitalidad campestre que combina naturaleza, alojamiento, gastronomía y experiencias. El proyecto contempla villas diseñadas con criterios de arquitectura paisajista, espacios para vivir el entorno y una propuesta gastronómica desarrollada por especialistas.
Uno de los principales objetivos es que el visitante no solo observe las frutas, sino que pueda vivir todo el proceso. “La gente ingresa a los campos, conoce la fruta, conoce la planta, cosecha y degusta”, explica el fundador. Se trata de experiencias vivenciales y sensoriales que buscan involucrar el tacto, el olfato, el gusto, la vista y el oído. Esta propuesta apunta incluso al denominado turismo multisensorial, pensado para distintos públicos, entre ellos adultos mayores y personas que pueden beneficiarse de experiencias relacionadas con la memoria y los sentidos.
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Frutas exóticas de la selva
Pero el proyecto también está empezando a generar oportunidades más allá del turismo. Algunas de estas frutas ya despiertan interés en mercados internacionales y han motivado consultas de empresarios que buscan cultivar determinadas especies para exportarlas. Chuque menciona el caso del chopé, un fruto consumido localmente por el que compradores franceses han mostrado interés, así como variedades de pitahaya amazónica que podrían tener demanda en Dubái.
“Nosotros comunicamos a los agricultores que hay una oportunidad de negocio”, explica. De esta manera, Campoverde busca conectar a los productores amazónicos con mercados especializados y demostrar que la biodiversidad puede convertirse también en una fuente de desarrollo económico para las comunidades.
Entre las especies que más llaman la atención en Campoverde están el Macambo, el Mango amazónico y la Jabuticaba, tres frutas que reflejan la extraordinaria diversidad de la selva.

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El Macambo pertenece a la familia de las Theobroma y destaca por su sabor y valor nutricional. Chuque lo presenta como una fruta con un importante potencial alimenticio, especialmente por sus semillas, que pueden aprovecharse de manera similar a otros frutos secos.
El Mango amazónico, por su parte, es una especie poco común que puede tardar muchos años en producir y que es conocida también con nombres locales como sachamangua. Su apariencia y sabor la convierten en otra de las joyas que Campoverde busca poner en valor.
La tercera protagonista es la Jabuticaba, una fruta que crece directamente sobre el tronco de los árboles y que, por su apariencia, puede recordar a una uva amazónica. Su intenso color está relacionado con la presencia de compuestos fenólicos, entre ellos polifenoles, que despiertan interés por sus propiedades nutricionales. Para Chuque, estas especies representan mucho más que una curiosidad gastronómica: son parte de un patrimonio natural que todavía tiene un enorme potencial por descubrir, investigar y desarrollar.
Finalmente, el propósito de Campoverde va más allá de mostrar frutas exóticas. “El propósito es compartir un amor por el estilo de vida saludable y la naturaleza”, resume Chuque. Su apuesta es crear un espacio donde la biodiversidad amazónica pueda conocerse, saborearse y valorarse, mientras se generan oportunidades para agricultores, investigadores, profesionales y empresarios.