Jackelynne Silva-Martínez, el orgullo peruano que trabajó en la misión Artemis II: Esta es su historia
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La ingeniera peruana dejó en alto el nombre del Perú con una destacada participación durante la misión espacial que traza el camino del regreso a la Luna.
El cielo nunca fue el límite para Jackelynne Silva-Martínez. Lo que comenzó como un sueño en su infancia en Perú, rodeada del apoyo incondicional de su familia en Cusco, se materializó en una de las misiones más ambiciosas de la historia moderna: Artemis II. Como pieza fundamental de este engranaje espacial, la ingeniera peruana no solo llevó sus conocimientos técnicos a la NASA, sino también el orgullo de toda una nación que vio, a través de sus ojos, los primeros pasos del regreso a la Luna.
Durante los días de la misión, el mundo contenía el aliento y celebraba cada logro del equipo que viajó a la Luna; sin embargo, la historia va más allá de los rostros visibles. En el centro de control, una peruana combinaba la adrenalina con una gran responsabilidad. "Se siente esa pequeña tensión de saber que estamos haciendo algo por la humanidad", confiesa a Marca Perú con una emoción que aún vibra en su voz.
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Desde su rol en la consola de integración en Houston, en el Johnson Space Center, coordinó los hilos invisibles entre su punto, Florida y California. Fue un trabajo minucioso como parte del Artemis Mission Management Team, support Console, donde tuvo que asegurarse que la comunicación fuera perfecta.
Ese regreso tuvo un significado que trasciende lo técnico. Ver la nave Orión caer en el océano y observar cómo se abría la compuerta de salida fue ver un fragmento de su propia historia cobrar vida. Hace diez años, cuando la nave era apenas un boceto, Jackelynne trabajó en el diseño de esa misma escotilla.
“Hace 10 años yo trabajé cuando estaba todavía en diseño la nave Orión. En las pruebas para que hagan su salida. Hicimos pruebas, cambios al diseño y más… Ver que ese diseño funcionó y que estaban a salvo fue maravilloso", recuerda. Es la culminación de una década de esfuerzo, de ajustar piezas y ver, finalmente, que su ingenio protegió la vida de quienes viajaron más allá de nuestra atmósfera.
Su principal motor
Pero detrás de la ingeniería aeroespacial, hay un motor mucho más potente: la familia. Jackelynne recuerda que, aunque sus ideas sonaran "locas" en un inicio, sus padres y hermanos en Perú nunca le soltaron la mano. Ese apoyo fue el combustible que la llevó desde el Cusco hasta las oficinas de la NASA.
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Ese vínculo se replicó el día del lanzamiento, el momento que describe como el más feliz de la misión. No estuvo sola frente a una pantalla fría; estuvo rodeada de sus hijos, su esposo y su hermana, todos gritando de emoción al ver el cohete elevarse. Fue una victoria compartida que se quedará grabada en la memoria de los suyos.
“La familia, ante todo. Siempre han estado apoyándome, por más que las ideas se escuchaban ‘locas’, mis papás, mis hermanos y mi familia vieron cada paso, cada caída y cuando me levanté. Es importante que vean todo, que vean el sacrificio”, confesó la ingeniera peruana.
Vínculo con el Perú
Hoy, Jackelynne sigue vinculada a sus raíces a través de su fundación. Su meta es que los jóvenes peruanos entiendan que la educación es la única base sólida para decidir su propio destino. Para ella, el conocimiento es la herramienta que evita que otros se aprovechen de la falta de oportunidades.
“Sigo visitando Perú cuando se puede. La organización la comencé acá (Estados Unidos). Inicié en Connecticut y de ahí crecimos… A todos en Perú: ustedes pueden, sigan sus sueños y la educación es primordial. Me siento orgullosa del trabajo que se hace”, precisa.
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Al mirar atrás, hacia esa niña que estudiaba con curiosidad en el Cusco, Jackelynne solo siente gratitud. "Le diría gracias por no detenerte y por no levantar el pie cuando viste piedras en el camino, seguiste y estoy muy feliz", reflexiona. Es un mensaje de perseverancia para todos los peruanos que la ven como un referente.
Aunque el sueño de ser astronauta sigue latiendo en un rincón de su corazón -y quizás en el de su hija, que ya pregunta cuándo podrá unirse a la agencia-, Jackelynne ya ha hecho historia. Ha demostrado que el Perú no solo observa la Luna, sino que ayuda a llegar a ella como una pieza fundamental del proyecto.
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