Tsáik, el místico árbol que te libera de las preocupaciones en el Bosque de las Nuwas
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En territorio Awajún, un imponente árbol de más de 48 metros de altura es el primer encuentro de los visitantes con el bosque. La comunidad lo considera un protector y un espacio para pedir consejo, liberar tensiones y dejar atrás las energías negativas.
En el Bosque de las Nuwas, territorio manejado por las mujeres de la comunidad nativa de Shampuyacu en la región San Martín, el ingreso tiene un significado especial. Antes de internarse entre la vegetación, los visitantes se encuentran con el Tsáik, nombre con el que la comunidad conoce al árbol de la especie Cedrelinga cateniformis, llamado comúnmente Tornillo. Sus dimensiones impresionan: supera los 48 metros de altura, alcanza 1,4 metros de diámetro y tiene alrededor de 50 años. Pero su importancia no se mide únicamente en metros.
La primera indicación de las guías locales es acercarse y abrazarlo. El gesto, que podría parecer sencillo para quien llega por primera vez, forma parte de una manera particular de relacionarse con el bosque.
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“Para dar la bienvenida en el bosque tienes que abrazar el árbol porque la naturaleza requiere que pidas su permiso”, explica una de las guías de la comunidad Awajún. Para ellas, entrar al bosque implica reconocer que se está ingresando a un espacio vivo, una casa a la que se debe pedir permiso.
La tradición local atribuye al Tsáik la capacidad de recibir las preocupaciones de quienes llegan hasta él. Si alguien ha tenido problemas, discutió con otra persona o simplemente necesita un consejo, puede acercarse al árbol. La creencia es que el Tsáik ayuda a purificar los pensamientos y retiene las energías negativas, como una forma de evitar conflictos con la naturaleza.
El Tsáik como fuente de consejos
La relación con este árbol también tiene una dimensión ancestral. Las líderes de la comunidad cuentan que, desde tiempos pasados, los líderes Awajún acudían al Tsáik para pedir consejo. En momentos de dificultad, buscaban en esa conexión la sabiduría necesaria para sobreponerse a las agresiones y defender el entorno en el que habitaban. Así, el árbol no aparece únicamente como parte del paisaje, sino como un elemento vinculado con la memoria y la fortaleza de la comunidad.
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En el Bosque de las Nuwas, esa relación permanece vigente a través de las guías que reciben a los visitantes. Ellas explican que el saludo al Tsáik no es solamente una actividad turística, sino una forma de recordar que las personas forman parte de un entorno que merece respeto. El abrazo se convierte entonces en un momento de conexión: unos segundos para dejar atrás el ruido cotidiano y prestar atención al lugar que se está por recorrer.
La oración que las líderes Awajún dirigen al Tsáik resume esa relación. “Eres el que protege, eres la lucha que me da la fuerza, que me das la fruta y las semillas para que pueda hacer mi productividad, día a día, quisiera que me aconsejes”, expresan ante el árbol. En esas palabras se reúnen protección, alimento, trabajo, fortaleza y búsqueda de orientación; aspectos que muestran la estrecha relación entre la comunidad y el bosque.
De esta manera, la historia del Tsáik permite mirar a estos seres vivos más allá de su función ambiental. Un árbol puede ser refugio, alimento, fuente de semillas y parte esencial de un ecosistema, pero también puede concentrar significados construidos por generaciones. En este caso, su presencia está relacionada con una manera de comprender la naturaleza como un espacio con el que se dialoga y al que se ingresa con respeto.