Crujiente, jugoso y dorado: El viaje del Pollo a la Brasa desde la leña hasta la mesa
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De una receta simple con sal y algarrobo a un aderezo con cerveza negra y secretos caseros. Conoce la historia de uno de los platos más emblemáticos del Perú.
El Día del Pollo a la Brasa es una de las celebraciones culinarias más esperadas del año en el Perú, rindiendo homenaje a un verdadero ícono de nuestra identidad gastronómica. Este 2026, la conmemoración que se celebra cada tercer domingo de julio, coincide con la excusa perfecta para disfrutarlo: la Final del Mundial. En las siguientes líneas, disfruta de la historia del plato que ha logrado romper todas las barreras.
El origen de este plato se remonta a fines de la década de 1940 en el distrito de Chaclacayo, en Lima. Su creador fue Roger Schuler, un ciudadano suizo que, tras observar detenidamente las técnicas de cocción de su cocinera, comenzó a experimentar con un método para cocinar varias aves al mismo tiempo.
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Junto a su socio Franz Ulrich, diseñó un sistema mecánico de barras giratorias que dio vida al horno planetario actual.
La primera receta
La receta inicial del Pollo a la Brasa era sumamente sencilla en comparación con las complejas mixturas de la actualidad. En los primeros años de La Granja Azul (la pollería pionera), el ave se sazonaba únicamente con sal de mesa y se cocinaba usando exclusivamente leña de algarrobo. Este tipo de madera era fundamental, ya que aportaba ese característico aroma ahumado que cautivó de inmediato a los comensales limeños.
Con el paso de las décadas, la fórmula evolucionó y se "peruanizó" gracias a la incorporación de ingredientes locales. Hoy en día, el secreto de un buen aderezo incluye una base de sillao (salsa de soja), cerveza negra, ajo molido, comino, romero, orégano, pimienta y un toque de ají panca. Esta marinada líquida requiere varias horas de reposo para que la carne absorba por completo los sabores antes de entrar al horno.
Ningún Pollo a la Brasa está completo sin sus guarniciones tradicionales, las cuales han alcanzado un estatus de culto por derecho propio. Las indispensables papas fritas, elaboradas idealmente con variedades nativas peruanas como la papa canchán o yungay, deben ser crujientes por fuera y suaves por dentro. A ellas se suma una ensalada fresca o cocida que equilibra la textura del plato principal.
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El verdadero toque maestro lo ponen las cremas y salsas, un apartado donde la creatividad peruana no conoce límites. Aunque la mayonesa, la mostaza y el ketchup son universales, el auténtico rey de la mesa es el ají de pollería, una salsa picante cremosa preparada a base de ají amarillo, huacatay y secretos caseros que varía en cada establecimiento y define la fidelidad del cliente.
Declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el año 2004, el Pollo a la Brasa no es solo el plato más consumido del país, sino también un motor económico que genera miles de empleos directos. Celebrar su día es rendir tributo al ingenio de sus creadores y a esa maravillosa costumbre de compartir alrededor de una mesa un sabor que nos une y nos llena de orgullo.
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