Catalina Ciccia, la guardiana de la bandera que dedica su vida al Perú
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Lo que comenzó como una responsabilidad vecinal se convirtió en una vocación de más de 40 años. Su familia relata cómo el amor por la patria encontró un lugar permanente dentro de su hogar.
Hay historias que se escriben lejos de los reflectores, pero que terminan convirtiéndose en parte de la memoria de un país. La de Catalina Ciccia de Chávez es una de ellas. Durante más de cuatro décadas, esta mujer peruana asumió con convicción y orgullo la custodia de la bandera que ondea en la Plaza a la Bandera, convirtiendo su hogar en un espacio de resguardo para uno de los símbolos más importantes del Perú.
Mientras miles de personas contemplaban el pabellón nacional elevándose sobre Lima, pocos sabían que detrás de ese acto existía una familia que lo protegía con dedicación y respeto. Desde la mirada de su hijo, José Chávez Ciccia, la historia de Catalina no es solo la de una guardiana de la bandera, sino la de una mujer que hizo del amor por el Perú una forma de vida.
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Su historia comenzó junto a los vecinos que impulsaron la creación de la Plaza de la Bandera, un proyecto que nació del esfuerzo colectivo y del profundo amor por los símbolos patrios. En 1978, se desarrolló este lugar con el trabajo conjunto de los residentes de Pueblo Libre. Lo que parecía una tarea temporal terminó convirtiéndose en un compromiso que ha acompañado a Catalina por más de cuatro décadas.

Durante décadas, una de las banderas más grandes del país no solo ondeó en la Plaza de la Bandera. También encontró refugio en un hogar. Allí, en una habitación especial conocida por la familia como “el cuarto de la bandera”, doña Catalina Ciccia de Chávez asumió una responsabilidad que con el tiempo se convirtió en una misión de vida.
“Mi mamá ama su bandera”, resume su hijo al recordar los años en que la vio custodiar el pabellón nacional. Cada domingo y cada fecha especial, la bandera era trasladada con respeto y cuidado. No era solo una rutina: era una ceremonia que reafirmaba el valor de la identidad peruana.
“El cuarto de la bandera es sagrado, se ha pintado, remodelado y ordenado, pero jamás ha cambiado su uso. Mamá nos inculcó el respeto a los símbolos patrios, al Perú… Es algo de mucho valor que la reconozcan como la ‘guardiana de la bandera’, me llena de orgullo como su hijo”, resaltó José Chávez Ciccia.

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Amor por el Perú
Su compromiso trascendió la custodia del pabellón. También impulsó la creación del Museo de la Bandera, instalado en su propia casa, donde se conservan reconocimientos, condecoraciones y recuerdos que testimonian años de servicio desinteresado a la patria.
Hoy, a sus 95 años, Catalina disfruta de una vida tranquila junto a su familia. Aunque ya no participa activamente en las labores diarias, sigue siendo la presidenta vitalicia y el rostro más representativo de una historia que continúa inspirando a quienes la conocen.
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Para su hijo, el mayor legado de su madre no es únicamente haber protegido una bandera, sino haber enseñado que los símbolos nacionales cobran verdadero sentido cuando se les honra con acciones concretas. El respeto, la constancia y el amor por el país fueron valores que ella transmitió dentro y fuera de su hogar.

Por eso, cuando se habla de la Plaza de la Bandera, también se habla de Catalina Ciccia de Chávez. La mujer que convirtió una responsabilidad en una vocación y que, con discreción y entrega, dedicó gran parte de su vida a custodiar uno de los emblemas más queridos del Perú.